miércoles, 27 de mayo de 2009

El "alma" del hincha

Si se pudiera comprobar con alguna extraña máquina aduanera, las entradas y salidas del llamado "alma" del cuerpo (eso de los 21 gramos no cuela mucho) en el hincha del fútbol, sería la de este una de las que más viajaría. 
Las circunstancias de un juego tan imprevisible, a diferencia de otros deportes, hacen que todo pueda suceder provocando un ir y venir constante de sensaciones antes, durante y después de un partido de fútbol.

Hoy se juega en Roma la gran final de la Champions League (20.45 España/15.45 Argentina) entre el Barcelona y el Manchester, los dos mejores equipos del mundo sin duda, con la inevitable comparación de Messi y Cristiano Ronaldo rivalizando por quien es el mejor jugador del planeta, con permiso de Andrés Iniesta entre ellos dos. En ese orden.

La previa es tan disfrutable o más que el mismo partido, a menos que estés por bajar a segunda o tercera división donde el orden incluso, se puede invertir. Como cuando te juntás a comer un asado y la preparación del mismo muchas veces se disfruta más que el mismo asado. Una vez que comienza el mismo todas las ilusiones y optimismo se transforman en tensión. Desde el minuto cero creo que nadie en el mundo (a menos que te importe un carajo lo que estás viendo) se encuentra en el mismo estado previo al arranque del partido.
En Barcelona, Manchester y Roma se montaron unos fiestas para tirar la casa por la ventana. Unas expectativas que pueden caer como plomo si la victoria no se concreta. Eso es lo malo de tanto preparativo, que las ilusiones pican tan alto que la caída puede ser brutal.
Y al "alma" le pasa algo similar, previo al partido vuela muy alto (a excepción de los realista que tienen en cuenta una posible derrota), con optimismo, incluso a veces sin tener en cuenta ciertos factores muy importantes para mantener ese deseo ciego de ganar, tan arriba. 
Al empezar el partido el "alma" compra un ticket de salida del cuerpo sin saber si lo va a usar o no, pero como nunca se sabe... Y así está el tipo, deambulando de un lado para el otro esperando no tener que irse, a sabiendas que esa posibilidad existe y que como tal, lo deja descolocado.

Un gol lo calma, del contrario lo impacienta. El reloj va más rápido si esto pasa. Se duda si funciona bien, porque no pueden los segundos verse como milésimas y los minutos contarse como segundos. Se transforma, inevitablemente, la percepción del tiempo. Muchas veces incluso se va del cuerpo antes de tiempo, devastado y agotado por el pesimismo que el juego transmite, porque no se ve claro que el asunto se pueda resolver. Y en caso de regreso te pega una trompada que desacomoda al mismo cuerpo produciendo una ira expresada en gritos y actitudes no propias de la personalidad de cada uno. Ta vas a la ventana y gritás el gol para que todos escuchen, seguido posiblemente de: ¡la reputísima madre que los parió, vamos carajo, por fin la concha de la lora! 
Otros casos son de saltos continuos y brazos que van y vienen, asustando al mismo pecho con los puños cerrados en amenaza constante. Otras veces son las palmas quienes tienen que aguantar que una se estrelle con la otra provocando un molesto hormigueo en ellas. Los más emotivos accionan las glándulas lacrimales y dejan caer un golpe silencioso donde nada se escucha, no hay gritos, no hay golpes ni malas palabras.

Depende un poco de la forma te hayas preparado y de las expectativas que hayas creado, como el alma se pueda ir en caso de derrota. Mientras más alto busques, más lejos se va. Vuelve, pero tarda. Si mantenés claro que también te podés quedar con nada, entonces la ida es a metros de distancia. A mi hace rato que no me pasa hablando de victorias, porque estos dos últimos meses con el Espanyol, mi "alma" futbolera estuvo yendo y viniendo a metros y kilómetros de mi mismo. Pero con otra cosa en juego. 
Digo esas fases finales donde es a todo o nada. La última vez fue en 2006. Primero con la final de la Uefa del Espanyol con el Sevilla. Y la otra con Argentina en el mundial de Alemania y ese error imperdonable de Pekerman de no poner a Messi contra los locales con la excusa de que eran altos. Miles de hinchas de fútbol también son miles de técnicos. Y miles de directores técnicos son mil veces pelotudos.  

Pero cuando la victoria está consumada el "alma" agarra al vendedor del viaje, lo caga a trompadas y le dice que se meta el pasaje en el culo que se tiene que ir a agarrar un buen pedo para disfrutar de una alegría difícil de explicar. Podrían ser razones políticas, de colores, de honor, de rivalidad histórica, de sueños frustrados, de cercanía con el club, de transmisión familiar, de sentimientos a los que agarrarse cuando poco tengas o quieras demostrar. 
Sea lo que sea cuando se gana, el "alma" se planta para, por mucho tiempo, ni ocurrírsele salir de allí. Hasta el próximo ticket. 

Cinco tracks de "The Velvet Underground And Nico" (1967) de The Velvet Underground.
#1  Sunday Morning
#2  I'm Waiting For My Men
#5  Run Run Run
#7  Heroin
#10  The Black Angel's Death Song
Hay discos que a si fueran hechos hoy no serían lo que dicen que es. Haberlo hecho antes que todos, parece para muchos, una condición para ser considerado uno de los mejores.

www.tresdeagosto.com 

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