Eran dos, bañados por el jugo de la luna. Eran dos, cruzándose miradas infames bajo el cielo de la llanura pampeana. Eran dos jurándose darse muerte, y la “china” adentro, observando con terror desde la ventanita de la pulpería como se la disputaban esas dos almas encendidas. No lo gozaba. Su terror se vivificaba en un llanto austero. Tal vez porque el “Tata” le había enseñado que esa debía ser su vida. El trofeo indecible de la calumnia homicida.
Se trenzaron como en una danza asesina. Los caballos atados al palenque relincharon su música de despedida. Enredaron los ponchos en sus brazos y los volvieron escudos romanos. Sus facas estallaron en una lluvia de chispazos obedeciendo a la ley de los roces. Uno avanzaba, y el otro le detenía el zarpazo con la misma furia. De adentro todos salieron menos una. Espectadores de dos gladiadores de La Pampa honda. Le dibujaron con sus cuerpos el perímetro de la arena.
La noche era paciente. Sabía que se llevaría un alma. La muerte expectante saboreaba luna y sangre.
Los hombres, los filos de sus facones y la furia de sus nervios se ajustaban de un modo trágico. Danzaban altaneros, la pretensión de la muerte. Uno hería y el otro respondía con la misma certeza. Los metales comenzaron a perder el brillo, bañados en sangre ajena; bañados en sangre agónica.
Lo vio distraído, perdido en sus propias heridas, ajustándose al rencor de sus venas. Entonces se le vino al humo, como para darle fin al duelo y a la noche. Pero la noche le ofreció su primera y última sorpresa. El otro, el primero, ya le había acertado el rigor de su metal en la hondura de su vientre. No atinó a nada el pobre. Apenas si se agarró del otro en su caía inevitable. Fue el silencio y el anuncio del día. El otro pasó entre los vivos, callado y acomodándose el poncho. Entró a la pulpería. Bebió de un sorbo la ginebra que había postergado por el duelo y la tomó a la “china” con rudeza.
Partieron en su alazán, con la serenidad que convida la victoria, mientras uno entre los hombres, abrazado al cadáver, murmuraba entre sollozos ¿por qué te juiste hermano … por qué?
Un cuento de Vitus "El Iscariote" Homini Lupus est
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