Se la creyeron demasiado. Había en Barcelona un exceso de optimismo, algo bastante raro en los culés. Tal vez porque sabían que la tenían jodida y cuando la cosa está fea, muchos se aferran a elementos irreales, de pura intuición o sensación. A veces como en este caso, sensaciones obligadas por las dudas.
Está bien que lo del Inter fue poner a todo el equipo a defender (conté los nueve jugadores en los últimos 25 metros durante casi todo el segundo tiempo). Más aún después de la expulsión de Tiago Motta (ya escribí sobre lo gran actor que es Busquets), pero en momentos el Barça parecía cansado, como si el pico máximo de rendimiento fuese el partido contra el Madrid y ese haya sido el final de la temporada.
Se esperaba que Messi apareciera, pero como no hizo ninguna gran jugada excepto esa que le sacó Julio César con la punta de los dedos (si hubiera sido gol hoy los medios estarían hablando de otra genialidad), entonces no estuvo. Es imposible que Messi haga maravillas todos los días. Pero es verdad también que está medio quemado. No para desde hace rato (el primer tiempo de Xérez, casi que ni cuenta).
Ayer en el bar le digo a Lucas que mi temor era que lo caguen para el mundial. Más de una vez por partido, le tiran unos guadañazos terribles a los tobillos que disparan mi miedo a que lo caguen cuando falta un mes para Sudáfrica.
A Argentina le viene bien. El pibe deja de jugar una semana antes (el 16 de mayo) en lugar del 22.
Cómo leí hoy, ayer el Inter parecía esos equipos de tercera que juegan contra un grande. Y era el Inter, era la Champions y sin la excusa del hombre menos, penó en el juego. En definitiva vienen de Italia por lo que no debería de sorprender a nadie.
El Barça seguirá siendo el mejor equipo del mundo con el mejor jugador del mundo. Sin dudas. A pesar de que muchos quieran ver belleza futbolística donde no la hay y que otros tantos empiecen a dudar de que Messi no es tan bueno como dicen porque últimamente no mete goles, o porque de pronto no puede realizar los trucos a los que nos tiene tan mal acostumbrados.
Y este es el problema del barcelonismo. Están mal acostumbrados. Lo de los aspersores fue de cuarta (los encendieron justo en el lugar de la cancha donde jugadores y cuerpo técnico festejaban la victoria). De no saber perder. Es lo que tiene haber ganado tanto. Es lo que tiene creerse en la final de Madrid antes de tiempo.
Cinco adioses que poco tienen que ver con el fútbol, pero vienen bien.
#1 Goodbye Blue Sky (Pink Floyd)
#2 Last Goodbye (Jeff Buckley)
#3 Song To Say Goodbye (Placebo)
#4 Till The Next Goodbye (Rolling Stones)
#5 Goodbye (The Sundays)
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