Soy Vitus, pero también el Iscariote, y el lobo del hombre (homini lupus est), y el Vicario, y con otros mil nombres la historia me ha mencionado. De mi todo es sugerido, nada es dicho desde aquellos días. Soy sombra de la sombra y mi oficio es la tentación desde los tiempos de mi precipitación más honda. Desde mi caída mas anunciada.
Sí, tu sospecha es pura certeza… soy ese que tu prudencia te evita aludir, porque mi nombre provoca escozor, terror en las pieles de los corderos. Soy el cáncer de la palabra; la corrupción del discurso. Soy el predicado del Verbo, su ignominia, la desdicha de su sacrificio y la corrosión de su misericordia. Soy la actualización permanente de su redención. Por cierto, los hombres le deben tanto.
Mi patria es el destierro. En el principio, es justo decir que fue el “descielo”. Caí o me han hecho caer. Ello poco importa. Mi trabajo es engalanarme de contrapeso de la báscula universal. Abomino la destreza celestial (se me quema la lengua de sólo pronunciar esos sicalípticos fonemas).
De mis rasgos físicos me aburro con frecuencia. En estos días ser yo es una notable ventaja. Me despojo de mis pieles a gusto y piacere. Mi rostro son mil rostros, pues mi verdadera forma “hoy” es un tanto repulsiva. Esta es una destreza que el tiempo me ha obsequiado. Juego a ser niño y en un instante me vuelvo senil, traicionado por mis esfínteres y el declive de mi memoria. Puedo ser la síntesis de la belleza, y el vigor del sexo henchido entre sus piernas (sí, las de ustedes… si hacen memoria me recordarán… pero no se horroricen… para mi fue mucho patético decirles te quiero). Puedo ser una monja de monasterio, un ladrón de billeteras, o un despojo de los manicomios. Todos creen en mí. Todos creen en mis todos que soy.
El día de mi precipitación un rasgo me volvió único, llevo la marca de su sanción sobre mi espalda. Dentro de mi piel yace el escarmiento, en forma de palabra encadenada urdida con tinta de sangre belicosa, que deja adivinar en una lengua desconocida, ya olvidada:
En su caída fue traición, soledad y carnaval del espanto…fue elegante ángel del abismo
No tengo tiempos. O para hablar con mayor precisión voy detrás del tiempo. He recorrido la historia con mis felonías y mis travesuras. He sido la manzana de Adán. La cicuta de Sócrates. El puñal de Bruto. He sido el beso que entregó al Hijo de… (a pesar del tiempo y mis batallas internas aún me cuesta dejar caer su nombre). Vomito en este trance del relato. He sido los abrazos cálidos de Torquemada. He sido Inquisición. Pero también el pincel de Leonardo (¿no creerán que su inspiración viene de…?). He sido la fiebre amarilla que azotó a Europa. Y también la peste negra. He sido el bubón que le dio “amor” a esos niños. He sido la peste del nuevo mundo que arribó a sus orillas montada en tres horripilantes cara… calaveras y con un corte de cabello aborrecible. He sido el fuego rechazado de Atahualpa, para luego volverme su horca predilecta. Y más adelante, la esvástica que aglutinó multitudes. He sido Auschwitz, Hiroshima y Wall Street. Y en estas pampas he sido el guiño Desaparecedor. Pero también el fuelle de Piazzolla y los dedos de Jimi Hendrix. He sido el cálido pacto entre Miles y Coltrane, y la heroína de Luca. Les he dado música mis amigos. Les he dado ciencia. Les he obsequiado la obscenidad de Sigmund, y la relatividad en un cerebro loco. Aunque descrean de mi ética, la penicilina fue mi mejor negocio, aún mejor que el opio que le obsequié a los pueblos. Les he dado todo. No me lo agradezcan.
Voy detrás del tiempo. Detrás del tiempo voy; sin urgencias, sin más ambiciones que apropiarme de lo que alguna vez fue mío. El reino de los cielos. Vuelvo a vomitar sangre. Puta, que desgracia. Nunca pude acostumbrarme a algunas cosas. Nunca me acostumbraré.
Un autobiografía de Vitus el "Iscariote" Homini Lupus est
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