Desde no sé que mes del 2007, si comprás un móvil en España con tarjeta tenés que dejar tus datos obligatoriamente. Quienes los compramos antes no, comprabas el teléfono, la tarjeta y nada más. En teoría nadie sabía que eras dueño de ese número.
Con la excusa de la seguridad nacional desde esa fecha se ve que avisar a tres tipos que a partir de cierto mes del 2009 sería obligado que los millones que no estábamos registrados, lo hagamos en una oficina de la operadora en la que estábamos.
A partir de marzo de este año empezaron a hacer una real y fuerte campaña advirtiendo que desde el 9 de noviembre sería cortada la línea a todos aquellos que no se hayan inscripto. Como me pasó a mí, que cuando me quise dar cuenta era demasiado tarde.
Las operadoras y el gobierno llegaron al arreglo de dar seis meses más (para los colgados como yo) para anotarte, pero con el fono cortado, ni recibir ni hacer llamadas. O sea, ningún problema, como nunca llamo y poca gente me llama me daba igual.
Ayer leo una columna en el diario "La Vanguardia", donde Quim Monzó se quejaba de todos aquellos que no nos habíamos anotados, alegando que habían avisado hace dos años (mentira, el aviso oficial fue desde marzo, antes nadie o pocos sabía esa decisión) y acusándonos de vagos o inútiles (poco exagerado considerar a alguien inútil por no registrase en una operadora de mierda). Además agregaba que habíamos tenido tiempo desde marzo (según él desde antes) para hacer un trámite sencillo. Criticando también al gobierno por su comentario acerca de que los españoles siempre dejan todo para el final y en parte debido a eso daban esta prórroga.
El tipo tiene una buena columna que suelo leer. Además es traductor y escritor de dicen, muy buenos cuentos.
Pero en esta está meando fuera por varias cosas. Primero las teléfonicas explicaron con mucha razón que hay una inmensa cantidad de personas mayores que ni siquiera sabían de esto. Me consta que varios que he conocido apenas saben marcar los números.
Dos, no es muy difícil pensar que esa medida tan a rajatabla (excesiva) no iba a ser implementada e inventarían la forma de no perder clientes.
Tres, la comparación que hizo con que si todos en donde hay que ir a 80 con el auto, fueramos a 100, si cambiaría la ley por eso. Mmmmmm parece escrita por un periodista recién salido de una... bueno de alguna de esas, pero privada. Pocas muertes supongo habrá, por anotarse unos días después en las listas del estado. ¿O no?
Termina la nota dirigiéndose supongo, a la señora que solo ve novelas y programas de famosos, pidiéndole menos de éstos comecocos y más enterarse de la noticias que dan por los medios.
Mmmmm. Como si ver esos programas fuera el culpable de que 3 millones y pico de personas aún no se hayan registrado. Se olvida de que hay gente que como yo el teléfono le importa muy poco, u otros que en su momento lo sacaron y ahora viven en Kamkatcha. Y otros muertos, enfermos, fumados, fóbicos y miles de etc.
Ahora entiendo todo y porque suelen tener tanto rating estas porquerías. Es que lo ve mucha gente todo el tiempo, todos los días y a cada momento. Seguro que debe ser eso. Esto quiere decir que yo como no me anoté, también veo estos programas ¿no? La puta, siempre intentando hacerme el informado que leo diarios cada día y por no anotarme en esta mentira se me ve la hilacha del cotilleo. Dejo de escribir que empieza "Dinastía" en algún canal de la nostalgia (que en realidad no sé si es mejor que los de ahora, pero ese es otro tema).
Algo muy popero hoy, que recuperé escuchado por youtube. Algunas como Breath After Breath las ponían en la radio.
Cinco tracks de "The Wedding Album" (1992) de Duran Duran.
#3 Love Voodoo
#6 Come Undone
#7 Breath After Breath (con Milton Nascimento)
#9 Femme Fatal (versión empalagosa del tema de The Velvet Underground)
#13 Sin Of The City
Un disco que tienen cosas aceptables y otras muy malas (más de la mitad diría, como si fueran los mentores de Take That o Backstreet Boys). Depende como les pegue el momento. A partir de acá comenzó la debacle total de la que nunca se recuperaron, como a tantos grupos de los 80 que subsistieron hasta cominezos de los 90. Después no entendieron el negocio. O si lo entendieron, se les acabó la poca polvora que había en ellos. O pensándolo mejor nunca la tuvieron y esos momentos de gloria ochentosa fueron culpa del mal gusto (para todo) de esos años.
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